El gobierno diseña el auto. El gobierno lo fabrica. El gobierno lo vende. Y el gobierno lo regula. ¿Notan el problema?
En cualquier mercado sano, los roles están claramente separados: las empresas fabrican productos, los consumidores los compran, y el gobierno regula para proteger a los ciudadanos. Con el proyecto Olinia, estas líneas se han difuminado de manera preocupante.
EL GOBIERNO EN EL PROYECTO OLINIA
¿Quién te protege si algo sale mal?
Imagina este escenario: compras un Olinia y a los seis meses presenta un defecto grave en el sistema de frenos. En circunstancias normales:
- Reportarías el problema a la empresa fabricante
- La PROFECO (órgano gubernamental) investigaría
- Si se confirma el defecto, el gobierno obligaría a la empresa a hacer un recall
Pero con el Olinia:
- Reportarías el problema... al gobierno (fabricante)
- La PROFECO (gobierno) investigaría... al gobierno
- El gobierno ordenarí... ¿a sí mismo? hacer un recall
El conflicto de interés es evidente.
El precedente histórico no es alentador
México tiene una larga historia de proyectos gubernamentales donde la misma institución que ejecuta también supervisa. Los resultados raramente son positivos:
- Pemex: Empresa estatal sin supervisión efectiva durante décadas
- CFE: Monopolio con poca rendición de cuentas
- Proyectos de infraestructura: Sobrecostos que nunca se investigan a fondo
Cuando el regulador y el regulado son la misma entidad, la transparencia suele ser la primera víctima.
🔒 Pregunta sin respuesta: ¿Cuál será el proceso si un Olinia está involucrado en un accidente fatal por falla mecánica? ¿Se investigará el gobierno a sí mismo de manera imparcial?
La homologación: el gran signo de interrogación
Todos los vehículos vendidos en México deben pasar procesos de homologación que certifican su seguridad. Estas pruebas incluyen:
- Pruebas de impacto frontal y lateral
- Verificación de sistemas de frenos
- Pruebas de emisiones (aunque sea eléctrico, hay estándares)
- Certificación de componentes eléctricos
¿Quién certificará al Olinia? Si las mismas instituciones gubernamentales que promueven el proyecto son las encargadas de aprobarlo, ¿podemos confiar en que los estándares se aplicarán con el mismo rigor que a fabricantes privados?
Las críticas de Ricardo Salinas Pliego
El empresario Ricardo Salinas Pliego, dueño de Italika (la principal marca de motos en México), ha sido vocal en su escepticismo sobre el Olinia. Aunque algunos descartaron sus críticas como motivadas por interés comercial, planteó puntos válidos:
"El gobierno debería enfocarse en problemas más urgentes como la salud. ¿Por qué está fabricando autos?"
Es una pregunta legítima. ¿Es función del gobierno federal fabricar automóviles? ¿No sería más eficiente crear políticas que incentiven a la industria privada a producir vehículos eléctricos accesibles?
El modelo alternativo: cómo lo hacen otros países
Países que han logrado adopción masiva de vehículos eléctricos lo hicieron de manera diferente:
- Noruega: Incentivos fiscales masivos para compradores, sin fabricar autos
- Estados Unidos: Créditos fiscales para EVs + inversión en infraestructura
- Alemania: Subsidios directos + regulaciones ambientales estrictas
Ninguno de estos países decidió que el gobierno debía fabricar el auto. Crearon las condiciones para que el mercado lo hiciera.
¿Política pública o proyecto político?
El Olinia se anuncia constantemente con el nombre de la presidenta. Se presenta en mañaneras. Se asocia directamente con la administración actual. Esto genera una pregunta incómoda: ¿es el Olinia una política pública pensada a largo plazo o un proyecto político diseñado para generar capital electoral?
Si es lo segundo, las decisiones técnicas podrían estar subordinadas a calendarios políticos. Eso explicaría:
- Las fechas de lanzamiento ambiciosas (coincidiendo con eventos como el Mundial)
- Los precios que suenan demasiado buenos para ser verdad
- La falta de detalles técnicos verificables
⏰ Dato: Los proyectos de manufactura automotriz típicamente requieren 5-7 años de desarrollo. El Olinia promete hacerlo en aproximadamente 2 años. ¿Prisa técnica o prisa política?
Conclusión: Exijamos claridad
No estoy diciendo que el proyecto Olinia sea necesariamente malo. Pero sí estoy diciendo que tiene problemas estructurales de gobernanza que deberían preocuparnos a todos.
Como ciudadanos y posibles consumidores, deberíamos exigir:
- Auditorías independientes del proyecto
- Homologación por entidades terceras certificadas internacionalmente
- Transparencia total en costos y subsidios
- Mecanismos claros de protección al consumidor
Hasta que eso exista, el Olinia seguirá siendo una promesa con demasiados signos de interrogación.
Las opiniones expresadas en este artículo son responsabilidad exclusiva del autor.